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George Gurdjieff

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George Gurdjieff

1866-1949

Gurdjieff nació en 1866 en el Cáucaso, en la frontera de Rusia y Turquía, hijo de padre griego y madre armenia. Desde niño sintió que tenía que comprender el misterio de la existencia humana e  incursionó profundamente en la religión y la ciencia en busca de una explicación. Encontró ambas aproximaciones persuasivas y consistentes en sí mismas, aunque con la tendencia a alcanzar conclusiones contradictorias, tomando en cuenta sus respectivas premisas. Llegó así al convencimiento de que ni la religión ni la ciencia por separado podían explicar el significado de la vida y la muerte del ser humano. Al mismo tiempo,

Gurdjieff tenía la convicción de que en la antigüedad había existido un conocimiento real y completo que debió ser transmitido oralmente a través de generaciones. Durante casi veinte años se dedicó a buscar ese conocimiento. Esa búsqueda lo condujo a participar en expediciones a través del Medio Oriente y el Asia Central hasta las montañas del Hindu-Kush, entre Afganistán y Pakistán. Llegó  así a descubrir elementos de un conocimiento olvidado del ser que  reconciliaba los grandes credos tradicionales, al que llamó ciencia antigua, aunque no llegó a identificar su origen ni a los que la descubrieron y conservaron.

 Esa ciencia veía al mundo de la materia visible como lo hace la física moderna, reconociendo la equivalencia de masa y energía, la ilusión subjetiva del tiempo, la teoría general de la relatividad. Pero su indagación no se detuvo allí, pues sólo aceptaba como reales los fenómenos que podían ser medidos y comprobados por medio de experimentos  controlados.  Esa ciencia también exploraba el mundo de los místicos fuera de la percepción de los sentidos, la visión de otra realidad infinita más allá del espacio y del tiempo. La meta consistía en comprender el lugar del hombre en el orden cósmico, el significado de la vida humana sobre la tierra y, en realidad, conocer y  experimentar en uno mismo la realidad de ambos mundos al mismo tiempo. Era una ciencia del Ser.

En 1912 Gurdjieff  comenzó a reunir alumnos en Moscú y San Petersburgo. En 1917, al momento de iniciarse la revolución rusa, se marchó al Caúcaso y finalmente,  en 1922, estableció cerca de París un instituto para desarrollar su trabajo en una mayor escala.

Durante esos años, aportó un sistema comprensivo de ideas para introducir su enseñanza y atraer seguidores. Después de un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida en 1924, Gurdjieff cerró el instituto y durante los siguientes 10 años dedicó toda su energía a escribir su trilogía acerca de la vida del hombre, bajo el título de Del Todo y  Todas las Cosas. Dejó de escribir en 1935 y a partir de ese momento se entregó al trabajo intensivo con sus alumnos, principalmente en París, hasta su muerte en 1949. En sus últimos años se refirió al estudio del sistema original de las ideas simplemente como una etapa preliminar del trabajo hacia la consciencia. Dejó de lado el tema de la ideas por considerarlo teórico y presentó su enseñanza en términos de una percepción directa de la realidad.

Su obra principal, Del Todo y de todo, fue publicada en tres series como Relatos de Belcebú a su Nieto (1950), Encuentros con Hombres Notables (1963) y La vida es real sólo cuando Yo Soy (1975). 

El sistema de ideas que enseño desde 1914 hasta 1924 fue fielmente registrado y publicado en el libro de P. D. Ouspensky, Fragmentos de una Enseñanza Desconocida (1949) y también en los apuntes, principalmente de Jeanne de Salzmann, recogidos en Perspectivas desde un mundo Real (1974). Esta enseñanza incluye los siguientes conceptos fundamentales:

La ley de las tres fuerzas (Ley de Tres). En la enseñanza de Gurdjieff, todo fenómeno, en cualquier escala, desde lo molecular hasta lo cósmico en cualquier mundo, es el resultado de la combinación de tres fuerzas diferentes: la fuerza positiva (afirmación), la fuerza negativa (negación), y la fuerza neutralizante (reconciliación).

La posibilidad de unidad depende de una confrontación del sí y el no, y de la aparición de una tercera fuerza reconciliadora que pueda relacionar las dos. La tercera fuerza es una propiedad del mundo real: lo que Es y lo que Yo Soy. La ley de octava (la ley de siete): toda materia en el universo consiste en vibraciones que descienden hacia la manifestación de la forma (involución) o ascienden en un regreso hacia la fuente sin forma (evolución). Su desarrollo no es continuo, sino que se caracteriza  por aceleraciones y retardos periódicos en intervalos definidos. Las leyes que gobiernan ese proceso se encarnan en una fórmula antigua que divide  el período en el cual una vibración se duplica en ocho pasos desiguales que corresponden a la proporción de aumento en las vibraciones. Ese período es llamado octava, es decir compuesta de ocho. Esa fórmula subyace en la base del mito bíblico de la creación del mundo y de nuestra división del tiempo en días laborales y domingos. Aplicada a la música, la fórmula se expresa en la escala musical do-re-mi-fa-sol-la-si-do, con semitonos faltantes en los intervalos mi-fa y si-do. El movimiento interior hacia la conciencia  requiere de choques conscientes de esos dos intervalos para poder proceder a un nivel superior, es decir una nueva octava.

El eneagrama: el símbolo, un triángulo dentro de un círculo con nueve partes iguales, expresa la ley de tres y la ley de octavas. Gurdjieff decía que es un símbolo universal que muestra las leyes internas de una octava y proporciona un método para conocer la naturaleza esencial de cualquier cosa examinada en sí misma. El círculo cerrado representa la existencia aislada del fenómeno y simboliza un proceso de eterno retorno y flujo ininterrumpido.

 

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